viernes, 21 de octubre de 2011

otro viernes para renovarse o... entristecer



Ilustración de Quentin Blake para El secuestro de la bibliotecaria de Roald Dahl


“Lo mejor para la tristeza- contestó Merlín, empezando a soplar y resoplar- es aprender algo. Es lo único que no falla nunca. Puedes envejecer y sentir toda tu anatomía temblorosa; puedes permanecer durante horas por la noche escuchando el desorden de tus venas; puedes echar de menos a tu único amor; puedes ver al mundo a tu alrededor devastado por locos perversos; o saber que tu honor es pisoteado por las cloacas de inteligencias inferiores. Entonces solo hay una cosa posible: aprender. Aprender por qué se mueve el mundo y lo que hace que se mueva. Es lo único que la inteligencia no puede agotar, ni alienar, que nunca la tortura, que nunca le inspirará miedo ni desconfianza y que nunca soñará con lamentar, de lo que nunca se arrepentirá. Aprender es lo que te conviene.

Mira la cantidad de cosas que puedes aprender: la ciencia pura, la única pureza que existe. Puedes aprender astronomía en el espacio de una vida, historia natural en tres, literatura en seis. Y entonces después de haber agotado un millón de vidas en biología y medicina y teología y geografía e historia y economía, pues, entonces puedes empezar a hacer una rueda de carreta con la madera apropiada, o pasar cincuenta años aprendiendo a empezar a vencer a tu contrincante en esgrima. Y después de eso, puedes empezar de nuevo con las matemáticas hasta que sea tiempo de aprender a arar la tierra.”

Terence H. White, The Once and Future King


Me encanta este fragmento de Camelot de Terence H. White que leí en mi adolescencia. Lo llevo siempre conmigo y lo he enviado a muchas personas queridas en tiempos de tristeza. Quiero hacer una prueba con este texto al final de esta entrada pero ahora, para explicaros porqué, seguid leyéndome…



Leo en algún sitio que todas las células de nuestro cuerpo se renuevan completamente cada siete días. Entiendo que las células neuronales también lo hacen y aunque no lo creamos, nuestra manera de ver el mundo se renueva cada semana. Renace cada semana una posibilidad de cambio para nosotros. Se habla y se lee mucho de cambio en estos últimos tiempos. La crisis global en la que estamos inmersos lleva implícito el cambio para todos nosotros. Debemos renovarnos todos pq el mundo cambia, aparentemente para peor y necesitamos a otros nosotros mismos para seguir adelante, siempre adelante, con nuestras vidas.



Para mí, la renovación siempre ha pasado por la lectura. Una anécdota de mi infancia: tenía yo 16 o 17 años y mi padre explicaba a las visitas, admiradas de la biblioteca de mi casa familiar, que mi afán lector era tal que de muy pequeña, cuando mi madre fregaba el suelo y ponía papeles de periódico para que los niños no ensuciáramos lo fregado, me encontraban a mí en medio del pasillo leyendo, toda interesada, algún artículo que me había llamado la atención.

Para mí, las visitas a la biblioteca popular del barrio eran una fiesta. Como adolescente sin mucho presupuesto y en los años ochenta, que tampoco eran tiempos de vacas gordas, toda mi opción de lectura asidua eran las bibliotecas y el milagro del préstamo. Cuando entraba allí, la posibilidad que se abría ante mí, todas aquellas estanterías blancas llenas de libros que no conocía, era algo que me fascinaba y tener unas cuantas horas por delante una tarde a la semana y poder ir a la biblioteca era algo imprescindible. Dejaba mis cosas en algún rincón, y me dedicaba a deambular por las salas mirando los temas y saboreando los títulos, los autores, el tipo de edición y las portadas para escoger el máximo de títulos que me permitía mi carnet de usuaria y salir de allí con mi bolsa cargada de libros para toda una semana.

Durante muchos años, y no hace tanto tiempo, todo el acceso que muchas gentes tenían a la cultura y al progreso pasaba por la lectura, empezaba por saber leer y seguía con tener acceso a libros que pudieran abrirles mundos nuevos lejanos a las cuatro paredes que les rodeaban todas sus vidas. En mi familia, el fomento de la lectura era importante y por eso yo leo desde que tengo recuerdo, y aunque parezca un tópico, no lo es. Agradezco a la lectura todo lo que me ha dado y enseñado: conocimientos, compañía, diversión, compasión, tolerancia, etc., un montón de cosas que no enumeraré.  A través de los libros, acompañé a Jim Hawkins hasta La isla del tesoro, isla desierta dónde conocí a los niños de Dos años de vacaciones, antes que llegaran los de LOST. Fui aprendiz de maga junto con Gavilán en Terramar, muchos años antes que J.K. Rowling creara a Harry, de hecho, Úrsula K. Le Guin escribió Un mago de Terramar en 1968. Viví en la Alejandría convulsa de la Segunda Guerra Mundial con Justine, Balthazar, Mountolive y Clea; me abrí a nuevos mundos con las crónicas marcianas que me explicó Ray Bradbury;  palpé la soledad absoluta con Marlene Haushofer en el bosque; disfruté siguiendo las pistas para desvelar el misterio de La dama de blanco; estuve en Macondo con los Buendía, más de cien años, y me encontré en otra biblioteca, la de Takamatsu, a Kafka y a Satoru.

Por eso, ahora que estamos en un momento de crisis absoluta de todo, donde debatimos el futuro del libro y la lectura, cuando este fin de semana autores como María Dueñas, Javier Sierra o Emilio Calderón, entre otros, han montado un maratón literario con diversos actos, que empezando esta noche de viernes a las 9 de la noche, esperan salvar del cierre una librería de siempre como la librería Escarabajal de Cartagena, más que nunca, hay que leer.
Leer para renovarse y aprender cosas que nos hagan personas distintas que seguramente nos permitirán ver el futuro de otra manera... 
Leer para pasar unas buenas horas de diversión a cambio de los 20 euros de media que pagarás por un buen libro aunque si no puedes pagar, busca una biblioteca popular y bucea entre sus pasillos...  
Leer para conocer la historia de personas que viven sus vidas al otro lado del mundo sin las miles de posibilidades que, a pesar de todo, se nos abren a nosotros, privilegiados habitantes del primer mundo, cada día...
Leer para saber más de música, más de astronomía, más de ciencia, más de arte, más de libros y sus autores...

Y ahora, leed de nuevo conmigo el fragmento pero con una ligera modificación, con el permiso de los herederos de White:

Lo mejor para la tristeza- contestó Merlín, empezando a soplar y resoplar- es leer algo. Es lo único que no falla nunca. Puedes envejecer y sentir toda tu anatomía temblorosa; puedes permanecer durante horas por la noche escuchando el desorden de tus venas; puedes echar de menos a tu único amor; puedes ver al mundo a tu alrededor devastado por locos perversos; o saber que tu honor es pisoteado por las cloacas de inteligencias inferiores. Entonces solo hay una cosa posible: leer. Leer por qué se mueve el mundo y lo que hace que se mueva. Es lo único que la inteligencia no puede agotar, ni alienar, que nunca la tortura, que nunca le inspirará miedo ni desconfianza y que nunca soñará con lamentar, de lo que nunca se arrepentirá. Leer es lo que te conviene.

Mira la cantidad de cosas sobre las que puedes leer: la ciencia pura, la única pureza que existe. Puedes leer sobre astronomía en el espacio de una vida, historia natural en tres, literatura en seis. Y entonces después de haber agotado un millón de vidas en biología y medicina y teología y geografía e historia y economía, pues, entonces puedes empezar a leer como hacer una rueda de carreta con la madera apropiada, o pasar cincuenta años leyendo como aprender a empezar a vencer a tu contrincante en esgrima. Y después de eso, puedes empezar de nuevo con las matemáticas hasta que sea tiempo de aprender a arar la tierra….

Pues eso, leer es lo que nos conviene.
Feliz viernes de otoño, con paseos por los bosques de colores terrosos y muchas lecturas sobre la mesa: Libertad de Franzen, 1Q84 (libro tercero) de Murakami y Las ardillas de Central Park están tristes los lunes de Katherine Pancol. Como veis, lectura variada para el alma ya que igual que el secreto de una alimentación equilibrada es comer de todo, pues lo mismo, un alma equilibrada también necesita leer de todo….

Escuchad lo que queráis, aunque os sugiero la banda sonora de Merry Christmas Mr. Lawrence de Ryuichi Sakamoto y degustad el mejor vino de vuestra bodega... ¿No es hoy un buen día para ello?