Para mí, las visitas a la biblioteca popular del barrio eran
una fiesta. Como adolescente sin mucho presupuesto y en los años ochenta, que
tampoco eran tiempos de vacas gordas, toda mi opción de lectura asidua eran las
bibliotecas y el milagro del préstamo. Cuando entraba allí, la posibilidad que
se abría ante mí, todas aquellas estanterías blancas llenas de libros que no
conocía, era algo que me fascinaba y tener unas cuantas horas por delante una
tarde a la semana y poder ir a la biblioteca era algo imprescindible. Dejaba
mis cosas en algún rincón, y me dedicaba a deambular por las salas mirando los temas y
saboreando los títulos, los autores, el tipo de edición y las portadas para escoger el
máximo de títulos que me permitía mi carnet de usuaria y salir de allí con mi
bolsa cargada de libros para toda una semana.
Durante muchos años, y no hace tanto tiempo, todo el acceso
que muchas gentes tenían a la cultura y al progreso pasaba por la lectura,
empezaba por saber leer y seguía con tener acceso a libros que pudieran
abrirles mundos nuevos lejanos a las cuatro paredes que les rodeaban todas sus
vidas. En mi familia, el fomento de la lectura era importante y por eso yo leo
desde que tengo recuerdo, y aunque parezca un tópico, no lo es. Agradezco a la
lectura todo lo que me ha dado y enseñado: conocimientos, compañía, diversión,
compasión, tolerancia, etc., un montón de cosas que no enumeraré. A través de los libros, acompañé a Jim Hawkins hasta La isla del tesoro, isla desierta dónde conocí a los niños de Dos años de
vacaciones, antes que llegaran los de LOST.
Fui aprendiz de maga junto con Gavilán
en Terramar, muchos años antes que
J.K. Rowling creara a Harry, de hecho, Úrsula K. Le Guin escribió Un mago de
Terramar en 1968. Viví en la Alejandría convulsa de la Segunda Guerra Mundial con Justine, Balthazar,
Mountolive y Clea; me abrí a nuevos mundos con las crónicas marcianas que me explicó Ray Bradbury; palpé la soledad
absoluta con Marlene Haushofer en el bosque; disfruté siguiendo las pistas para
desvelar el misterio de La dama de blanco; estuve en Macondo con los Buendía, más de cien años, y me encontré en otra
biblioteca, la de Takamatsu, a Kafka y a Satoru.
Por eso, ahora que estamos en un momento de crisis absoluta
de todo, donde debatimos el futuro del libro y la lectura, cuando este fin de
semana autores como María Dueñas, Javier Sierra o Emilio Calderón, entre otros,
han montado un maratón literario con diversos actos, que empezando esta noche de viernes a las 9 de
la noche, esperan salvar del cierre una librería de siempre como la librería
Escarabajal de Cartagena, más que nunca, hay que leer.
Leer para renovarse y aprender cosas que nos hagan personas
distintas que seguramente nos permitirán ver el futuro de otra manera...
Leer
para pasar unas buenas horas de diversión a cambio de los 20 euros de media que
pagarás por un buen libro aunque si no puedes pagar, busca una biblioteca popular y bucea entre sus pasillos...
Leer para conocer la historia de personas que viven sus
vidas al otro lado del mundo sin las miles de posibilidades que, a pesar de
todo, se nos abren a nosotros, privilegiados habitantes del primer mundo, cada
día...
Leer para saber más de música, más de astronomía, más de
ciencia, más de arte, más de libros y sus autores...
Y ahora, leed de nuevo conmigo el fragmento pero con una
ligera modificación, con el permiso de los herederos de White:
Lo
mejor para la tristeza- contestó Merlín, empezando a soplar y resoplar- es leer algo. Es lo único que no falla
nunca. Puedes envejecer y sentir toda tu anatomía temblorosa; puedes permanecer
durante horas por la noche escuchando el desorden de tus venas; puedes echar de
menos a tu único amor; puedes ver al mundo a tu alrededor devastado por locos
perversos; o saber que tu honor es pisoteado por las cloacas de inteligencias
inferiores. Entonces solo hay una cosa posible: leer. Leer por qué se
mueve el mundo y lo que hace que se mueva. Es lo único que la inteligencia no
puede agotar, ni alienar, que nunca la tortura, que nunca le inspirará miedo ni
desconfianza y que nunca soñará con lamentar, de lo que nunca se arrepentirá. Leer
es lo que te conviene.
Mira la
cantidad de cosas sobre las que puedes leer:
la ciencia pura, la única pureza que existe. Puedes leer sobre astronomía en el espacio de una vida, historia natural
en tres, literatura en seis. Y entonces después de haber agotado un millón de
vidas en biología y medicina y teología y geografía e historia y economía,
pues, entonces puedes empezar a leer
como hacer una rueda de carreta con la madera apropiada, o pasar cincuenta años
leyendo como aprender a empezar a
vencer a tu contrincante en esgrima. Y después de eso, puedes empezar de nuevo
con las matemáticas hasta que sea tiempo de aprender a arar la tierra….
Pues eso, leer es lo que nos conviene.
Feliz viernes de otoño, con paseos por los bosques de colores terrosos y muchas lecturas sobre la mesa: Libertad de Franzen, 1Q84 (libro tercero) de Murakami y Las ardillas de Central Park están tristes los lunes de Katherine Pancol.
Como veis, lectura variada para el alma ya que igual que el secreto de una
alimentación equilibrada es comer de todo, pues lo mismo, un alma equilibrada
también necesita leer de todo….
Escuchad lo que queráis, aunque os sugiero la banda sonora de Merry Christmas Mr. Lawrence de Ryuichi Sakamoto y degustad el mejor vino de vuestra bodega... ¿No es hoy un buen día para ello?